En el centenario de la Revolución rusa

Editorial

Se cumplen cien años de la llamada Revolución de Octubre que culminó en Petrogrado, hoy San Petersburgo, con la llegada al poder el 8 de noviembre de 1917 (25 de octubre en el calendario juliano) de los bolcheviques de Vladimir Lenin, que derrocaron al Gobierno Provisional en el poder desde la Revolución de Febrero y la abdicación del Zar. Como tantas veces en la historia, se convertía en líder absoluto de un país una minoría, en este caso de intelectuales urbanos, con escasas conexiones reales con los dilemas y sufrimientos de la población, mayoritariamente campesina en el caso ruso. La revolución trajo finalmente el comunismo y el nacimiento en 1922 de la Unión Soviética, trágica protagonista de la historia mundial durante gran parte del siglo xx. Pero rememorar la Revolución Rusa también nos obliga a abordarla como un fenómeno de masas. Los ideales de igualdad y cooperación que inspiraron la base teórica del proceso siguen siendo una poderosa fuerza ideológica. La fallida aplicación de esos ideales por el comunismo soviético no ha disminuido el peso de la Revolución como un referente estético, y desde luego como un aldabonazo moral. Las imágenes de los líderes revolucionarios se han convertido en iconos de la era global, y partidos políticos en todo el mundo aún proclaman formar parte del linaje nacido en 1917.

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